OCTUBRE 13, 2025 PAULINA VILLEGAS, JACK NICAS PARA THE NEW YORK TIMES.

Mientras Donald Trump ha intensificado su ofensiva militar contra barcos vinculados al narcotráfico frente a las costas de Venezuela y amenaza con hacer lo mismo en otros países, en México surge una pregunta inquietante: ¿podría ser el siguiente objetivo?

Trump ha declarado que sería “un honor” enviar tropas estadounidenses para enfrentar a los cárteles mexicanos, a los que califica de “malvados”. Sin embargo, tanto funcionarios de alto nivel de México como de Estados Unidos aseguran que, por ahora, no hay señales de una intervención. La cooperación bilateral en temas de migración y seguridad —que ha dado resultados visibles— es considerada demasiado importante como para arriesgarla con ataques unilaterales.

Incluso dentro de los propios cárteles mexicanos, como el de Sinaloa, la posibilidad de una ofensiva estadounidense no genera miedo. Sus miembros afirman estar más preocupados por las guerras internas entre facciones rivales que por un ataque extranjero. Confían, además, en que la presidenta Claudia Sheinbaum no permitiría una violación a la soberanía nacional.

Sheinbaum ha sido clara: México no aceptará ninguna intervención militar extranjera, “ni por tierra, ni por mar, ni por aire”. Su firme postura ha coincidido con un endurecimiento interno contra el crimen organizado. En su primer año de gobierno, las autoridades mexicanas reportan más de 35 mil arrestos por delitos graves y la destrucción de 1,600 laboratorios de droga, cifras muy superiores a las de la administración de López Obrador. Según el gobierno, los homicidios bajaron un tercio y los cruces fronterizos ilegales están en su nivel más bajo en años.

Pese a ello, algunos analistas advierten que Trump es impredecible y podría cambiar de postura en cualquier momento. Además, aunque la mayoría de los mexicanos rechaza una intervención militar estadounidense, un sector minoritario —cansado de la violencia— la vería con buenos ojos si prometiera traer paz.

El dilema es claro: México apuesta por la diplomacia y la cooperación, pero vive bajo la sombra de un aliado poderoso, voluble y dispuesto a usar la fuerza. En palabras de un periodista sinaloense: “Aquí muchos dicen: ‘si con eso se acaba la violencia, ¿dónde firmo?’. Pero hay que tener cuidado con lo que se desea.”

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