NOVIEMBRE 4, 2025. REBECCA ROBBINS PARA THE NEW YORK TIMES.

Aunque grandes farmacéuticas están invirtiendo miles de millones para construir plantas en Estados Unidos debido a la presión arancelaria de Donald Trump, ese “renacimiento” industrial excluye a los medicamentos genéricos, que representan el 90% de todas las recetas en el país.

La realidad económica global ha provocado el colapso de la producción local de genéricos: fabricar en EE. UU. es mucho más caro que hacerlo en India o China. Los costos laborales, normas ambientales y de infraestructura hacen que las empresas estadounidenses pierdan competitividad frente a mercados donde producir es hasta diez veces más barato. Como resultado:

Las plantas de genéricos en EE. UU. han caído 27% desde 2013 y

las que fabrican ingredientes activos han bajado 38%.

Mientras la industria global de genéricos se trasladaba a Asia, empresas como Dr. Reddy’s (India) movieron la producción fuera de Estados Unidos, cerrando plantas como la de Shreveport, que producían medicamentos básicos como ibuprofeno o acetaminofén. Sin subsidios o incentivos fuertes, la repatriación industrial es económicamente inviable: fabricar una pastilla en EE. UU. cuesta más, pero el mercado exige precios mínimos. Como dijo un directivo: “un paquete de antibióticos se vende más barato que uno de M&M’s”.

Esto ha generado dos efectos internacionales clave:

Dependencia estratégica

Estados Unidos importa la mayor parte de sus ingredientes activos y genéricos desde India y China, lo que lo hace vulnerable a interrupciones globales de suministro. Cuando plantas cierran, aumenta el riesgo de desabasto, algo que ya ocurre con quimioterapias, antibióticos y tratamientos de uso masivo.

Mercado global hipercompetitivo

El sector opera con márgenes mínimos, donde ganar depende de costos ultrabajos, economías de escala y regulación flexible, factores en los que India aventaja a EE. UU. Las empresas estadounidenses abandonan el mercado porque no pueden igualar estos costos.

Aunque Trump impulsó la idea de traer la fabricación de regreso, la falta de incentivos financieros y la enorme inversión requerida hacen que pocos se arriesguen. El caso de la planta de Shreveport muestra por qué: infraestructura obsoleta, altos costos laborales, requerimientos regulatorios y precios internacionales demasiado bajos para generar ganancias.

El cierre de plantas de genéricos en EE. UU. no es un problema local, sino un reflejo de la lógica económica global: la industria se ha desplazado hacia países con costos mucho menores, consolidando a India y China como eje de la producción mundial. Sin subsidios, incentivos fiscales o políticas industriales agresivas, Estados Unidos difícilmente recuperará ese segmento, lo que lo deja crecientemente dependiente de cadenas de suministro internacionales para medicamentos esenciales.

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