NOVIEMBRE 25, 2025. ANA SWASON PARA THE NEW YORK TIMES.

La administración Trump ha iniciado una estrategia inusual de adquirir participaciones en empresas privadas consideradas estratégicas para la seguridad nacional, invirtiendo más de 10 mil millones de dólares en sectores como acero, minerales, energía nuclear y semiconductores. Estas inversiones, realizadas en su mayoría entre octubre y noviembre, buscan reducir la dependencia de Estados Unidos de países como China y fortalecer industrias clave.

Aunque algunos funcionarios aseguran que estas participaciones pueden generar beneficios para los contribuyentes, el éxito financiero es incierto, pues varias de las empresas involucradas enfrentan dificultades económicas. El proceso ha generado preocupación por su falta de transparencia, el riesgo de favoritismo político y la posibilidad de pérdidas públicas si las inversiones fallan.

Expertos señalan que la estrategia carece de una visión clara y podría derivar en decisiones arbitrarias. La Casa Blanca defiende la intervención argumentando que las políticas tradicionales no han resuelto la dependencia estadounidense de insumos críticos.

A diferencia de intervenciones anteriores —como las realizadas durante la crisis de 2008 con General Motors o AIG— la estrategia actual es más agresiva y proactiva, incluyendo propuestas como fijar precios mínimos para minerales o participar en ingresos por exportaciones. Este giro intervencionista rompe con el pensamiento republicano tradicional, pero responde al dominio de China en sectores estratégicos y a sus recientes restricciones a exportaciones clave.

Las inversiones se canalizan principalmente a través de la Corporación Financiera Internacional para el Desarrollo (IFDC), pero también participan el Departamento de Defensa, el Departamento de Energía y el Departamento de Comercio, que utilizan programas y fondos creados en administraciones previas.

La operación más destacada hasta ahora fue en junio, cuando el gobierno adquirió una “acción de oro” en US Steel para influir en decisiones estratégicas tras su compra por Nippon Steel, lo que ya permitió al gobierno intervenir ante el cierre de una planta en Illinois.

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