
ENERO 16, 2026. JOE RENNISON PARA THE NEW YORK TIMES.
La administración de Donald Trump está teniendo un impacto directo e inmediato en el mercado bursátil estadounidense a inicios de 2026, rompiendo la idea tradicional de que la Casa Blanca influye menos que la Reserva Federal en el comportamiento de las acciones.
Diversos anuncios y publicaciones de Trump han provocado fuertes movimientos sectoriales: el ataque de Estados Unidos a Venezuela y el optimismo presidencial sobre la venta de petróleo venezolano impulsaron con fuerza las acciones energéticas; en contraste, su propuesta de limitar las tasas de interés de las tarjetas de crédito provocó caídas significativas en las acciones bancarias, y nuevas restricciones a la venta de chips de Nvidia a China golpearon al sector tecnológico.
Aunque el S&P 500 apenas ha subido alrededor de 1 % en el año, algunos sectores han registrado alzas notables. El energético destaca, con un avance de 7.5 %, liderado por empresas de servicios petroleros como SLB y Halliburton, pese a que el precio del petróleo se mantiene relativamente bajo y no justifica, según analistas, un aumento real de inversiones.
Estos movimientos han llevado a analistas a replantear el viejo lema de “no enfrentarse a la Reserva Federal”, sugiriendo que en 2026 el mercado tampoco puede ignorar a la Casa Blanca. Sin embargo, los inversionistas también han aprendido a distinguir entre anuncios políticos que se materializan y los que no.
Aunque existen preocupaciones por los ataques de Trump a la independencia de la Reserva Federal, los mercados han reaccionado con cautela, asumiendo que medidas extremas —como destituir al presidente de la Fed— serían demasiado riesgosas para la estabilidad financiera.
De cara a las elecciones de medio término, analistas coinciden en que las políticas más dañinas para el crecimiento o la inflación probablemente serán moderadas o abandonadas, ya que afectarían la confianza del consumidor y, con ello, la popularidad presidencial. En ese contexto, propuestas como el tope a las tasas de interés podrían tener más un objetivo político-electoral que un impacto económico duradero.
Diversos anuncios y publicaciones de Trump han provocado fuertes movimientos sectoriales: el ataque de Estados Unidos a Venezuela y el optimismo presidencial sobre la venta de petróleo venezolano impulsaron con fuerza las acciones energéticas; en contraste, su propuesta de limitar las tasas de interés de las tarjetas de crédito provocó caídas significativas en las acciones bancarias, y nuevas restricciones a la venta de chips de Nvidia a China golpearon al sector tecnológico.
Aunque el S&P 500 apenas ha subido alrededor de 1 % en el año, algunos sectores han registrado alzas notables. El energético destaca, con un avance de 7.5 %, liderado por empresas de servicios petroleros como SLB y Halliburton, pese a que el precio del petróleo se mantiene relativamente bajo y no justifica, según analistas, un aumento real de inversiones.
Estos movimientos han llevado a analistas a replantear el viejo lema de “no enfrentarse a la Reserva Federal”, sugiriendo que en 2026 el mercado tampoco puede ignorar a la Casa Blanca. Sin embargo, los inversionistas también han aprendido a distinguir entre anuncios políticos que se materializan y los que no.
Aunque existen preocupaciones por los ataques de Trump a la independencia de la Reserva Federal, los mercados han reaccionado con cautela, asumiendo que medidas extremas —como destituir al presidente de la Fed— serían demasiado riesgosas para la estabilidad financiera.
De cara a las elecciones de medio término, analistas coinciden en que las políticas más dañinas para el crecimiento o la inflación probablemente serán moderadas o abandonadas, ya que afectarían la confianza del consumidor y, con ello, la popularidad presidencial. En ese contexto, propuestas como el tope a las tasas de interés podrían tener más un objetivo político-electoral que un impacto económico duradero.





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