
ENERO 26, 2026. STANLEY REED PARA THE NEW YORK TIMES.
Tras la invasión rusa a Ucrania en 2022, Europa sustituyó su dependencia del gas ruso por gas natural licuado (GNL) de Estados Unidos, lo que permitió aliviar la crisis energética. Sin embargo, analistas advierten que esta nueva dependencia podría convertirse en un instrumento de presión política ante las crecientes tensiones entre Washington y Bruselas.
Antes de la guerra, Rusia aportaba más de la mitad del gas importado por la Unión Europea. Con el colapso de esos flujos, Estados Unidos aumentó rápidamente sus envíos y para 2025 suministrará más de una cuarta parte del gas importado por la UE, tras un incremento cercano al 60% en un año. Aunque inicialmente fue visto como un apoyo clave, ahora genera preocupación por el uso del comercio energético como palanca geopolítica por parte del presidente Donald Trump.
Europa enfrenta pocas alternativas: sigue necesitando gas para calefacción e industria, reduce su propia producción de hidrocarburos y avanza gradualmente en la eliminación del gas ruso, que aún representa alrededor del 12% de sus importaciones. Noruega es hoy su principal proveedor, con cerca del 30%.
Si bien se espera un aumento global de la oferta de GNL que podría moderar precios, expertos señalan que cualquier interferencia de Estados Unidos en los flujos de gas elevaría costos y vulneraría a Europa. Aunque es poco probable que Washington corte exportaciones por el impacto negativo en su propia industria, la concentración de importaciones en Estados Unidos ha incrementado la exposición energética y geopolítica del continente europeo.






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