
MARZO 3°,2026. CON INFORMACIÓN DE REUTERS.
La escalada del conflicto entre Estados Unidos e Irán ha desatado una grave disrupción en el comercio energético mundial tras los ataques iraníes a embarcaciones que transitan por el Estrecho de Ormuz, corredor estratégico por el que circula cerca de una quinta parte del petróleo global y grandes volúmenes de gas natural licuado. El virtual cierre de esta vía provocó un repunte inmediato en los mercados: el crudo Brent subió casi 10% en la semana y se activaron cierres preventivos de instalaciones petroleras y gasíferas en Medio Oriente, alimentando temores de una crisis prolongada de suministro.
En paralelo, los costos del transporte marítimo se dispararon a niveles históricos. Las tarifas de los superpetroleros (VLCC) que cubren la ruta Medio Oriente–China alcanzaron más de 423 mil dólares diarios, mientras que los fletes de buques de GNL aumentaron más de un 40% ante la paralización de producción en Qatar y la escasez de embarcaciones disponibles. La incertidumbre ha llevado a armadores a suspender operaciones, ha afectado el suministro de combustible en puertos clave como Fujairah y ha obligado a compañías como Hyundai Glovis a preparar rutas y puertos alternativos, reflejando cómo el riesgo geopolítico se ha traducido directamente en presión inflacionaria y volatilidad en los mercados energéticos globales.






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