
ABRIL 23, 2026. EMMETT LINDNER, THE NEW YORK TIMES.
El diésel se ha convertido en un problema económico mayor que la gasolina principalmente por un choque de oferta agravado por el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, que redujo drásticamente el suministro global de petróleo, especialmente en el Golfo Pérsico. Este combustible ya enfrentaba escasez antes de la guerra, y la interrupción de exportaciones —clave para producir diésel y combustible de aviación— disparó sus precios mucho más que los de la gasolina. Además, países como China limitaron sus exportaciones para proteger su mercado interno, y aunque Estados Unidos aumentó envíos, no logró compensar la falta global. A esto se suma que el petróleo de esa región es más adecuado para producir diésel, lo que dificulta sustituir su oferta con crudo de otras zonas. El impacto es mayor porque el diésel es esencial para sectores clave como transporte, agricultura e industria, cuyos usuarios no pueden reducir fácilmente su consumo, a diferencia de quienes usan gasolina. Además, las refinerías tienen poca flexibilidad para aumentar su producción, el combustible es más costoso de procesar por regulaciones ambientales y está más expuesto al mercado global. Todo esto provoca precios más altos y volátiles, con efectos directos en la inflación y la actividad económica mundial, por lo que su encarecimiento representa un riesgo más amplio que el de la gasolina y podría tardar meses en normalizarse incluso si el conflicto se resuelve.




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