ABRIL 27, 2026. KEITH BRADSHER, THE NEW YORK TIMES.

El aumento sostenido de los precios del petróleo y el gas derivado de la guerra en Irán está empezando a exponer fragilidades en la economía de China, al debilitar el consumo interno y afectar tanto a sectores industriales como exportadores: las ventas de automóviles —un indicador clave— se han desplomado, con caídas de hasta 26% en abril y casi 40% en vehículos de gasolina, generando acumulación de inventarios y recortes en la producción, mientras que el gasto en servicios como restaurantes y hoteles también se contrae por la cautela de los hogares. Aunque el crecimiento del PIB alcanzó 5,3% en el primer trimestre, los datos más recientes muestran desaceleración, con ventas minoristas creciendo apenas 1,7% en marzo y un aumento de inventarios que podría frenar la actividad futura. Al mismo tiempo, industrias como la juguetera enfrentan una crisis más aguda: el alza del plástico —derivado del encarecimiento energético y de disrupciones en rutas clave como el estrecho de Ormuz— ha provocado cierres de fábricas, quiebras y protestas laborales, agravadas por aranceles y tensiones comerciales con Estados Unidos. Si bien China ha amortiguado parcialmente el impacto gracias a sus reservas estratégicas y subsidios al combustible, los analistas advierten que el conflicto prolongado está erosionando su dinamismo económico y podría dificultar el cumplimiento de su meta de crecimiento anual.

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