
JUNIO 15, 2026. JIMENA SÁNCHEZ ARGOYTA EL UNIVERSAL.
La reforma laboral que reducirá gradualmente la jornada semanal de 48 a 40 horas entre 2027 y 2030 representa un importante avance para más de 13 millones de trabajadores formales en México, pero también implicará fuertes presiones financieras para las empresas, especialmente las micro, pequeñas y medianas. El artículo señala que, al mantenerse intactos los salarios, el costo por hora trabajada aumentará y, según el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas, los costos laborales crecerán al menos 5% anual por trabajador, sumándose a otros incrementos recientes como el alza al salario mínimo, más vacaciones y nuevas obligaciones de seguridad social. Además, las empresas deberán invertir en tecnología y sistemas de control de jornada para cumplir con la reforma desde 2027. Especialistas advierten que, sin mejoras en productividad, podrían aumentar el desempleo, reducirse salarios reales y elevarse los costos laborales hasta entre 22% y 36%, obligando a muchas organizaciones a contratar más personal, reorganizar turnos o automatizar procesos. Aunque experiencias internacionales muestran beneficios a mediano plazo, el texto subraya que México enfrenta este cambio en un contexto económico frágil y que el principal desafío para las empresas será determinar cómo absorber el impacto financiero de esta nueva obligación laboral.





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