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JUNIO 26, 2026. TRIPP MICKLE THE NEW YORK TIMES.
Intel, tras haber sido considerada un ícono caído de Silicon Valley por sus desplomes en ventas y el aumento de deudas, atraviesa un proceso de recuperación bajo el liderazgo de Lip-Bu Tan, quien asumió la dirección en 2025 en medio de presiones políticas y cuestionamientos sobre su pasado. Con el respaldo del gobierno estadounidense —que adquirió un 10% de la compañía mediante la Ley de Chips y Ciencia— y el auge de la inteligencia artificial, Intel ha triplicado su valor de mercado hasta los 650.000 millones de dólares, logrando acuerdos estratégicos con Nvidia, Apple y Elon Musk para el suministro de chips personalizados y la colaboración en nuevas fábricas como Terafab. La empresa ha inaugurado plantas en Arizona y Nuevo México con tecnologías más eficientes, lo que le ha permitido aprovechar la saturación de la producción de la Taiwan Semiconductor Manufacturing Company y posicionarse nuevamente como un actor clave en la industria. A pesar de estos avances, Intel sigue enfrentando pérdidas millonarias, una reducción de cuota en servidores —del 100% hace una década a cerca del 65%— y una fuerte competencia de AMD y Arm, que han ganado terreno con tecnologías superiores. Además, la compañía ha recortado su plantilla a 78.500 empleados y reducido drásticamente el presupuesto de investigación en Intel Labs, lo que genera dudas sobre su capacidad de innovación futura. El auge de los agentes de IA ha impulsado sus ventas de centros de datos en un 22%, pero la sostenibilidad de este repunte dependerá de que la demanda de IA se mantenga y de que Intel logre consolidar su nuevo proceso de fabricación 14A. Según estimaciones de Bernstein Research, la empresa podría volver a la rentabilidad en 2027 con beneficios de 4.700 millones de dólares, aunque Tan advierte que la recuperación será lenta y tomará al menos cinco años.






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