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AGOSTO 12, 2026. COLBY SMITH THE NEW YORK TIMES.
La Reserva Federal enfrenta divisiones internas sobre cómo abordar la inflación: mientras algunos funcionarios creen que ya debería haber subido las tasas de interés (actualmente entre 3.5% y 3.75%, sin cambios desde enero) para acelerar su descenso, otros confían en que las presiones inflacionarias derivadas de los aranceles y la guerra con Irán se disiparán por sí solas, aunque incluso estos últimos están perdiendo paciencia; el informe del Índice de Precios al Consumidor de julio, publicado el miércoles por la Oficina de Estadísticas Laborales, se prevé que muestre una leve mejoría, con el indicador subyacente aumentando 0.2% mensual y 2.5% anual, cifras que las autoridades consideran compatibles con el retorno gradual hacia la meta de inflación del 2% (medida por el índice PCE, que se ubicó en 3.7% en junio) de cara a la votación de tasas de la Fed a mediados de septiembre; el escrutinio sobre los próximos pasos del banco central se intensificó tras la reunión de julio, en la que el nuevo presidente Kevin M. Warsh mantuvo las tasas sin cambios pero envió señales contradictorias sobre su estrategia, sugiriendo comodidad con que los mercados asuman parte del ajuste monetario y reavivando dudas al mencionar la posibilidad de modificar la meta de inflación del 2%, un tropiezo comunicativo que sacudió el mercado de bonos y que Warsh deberá corregir en su próxima aparición en la conferencia de Jackson Hole, Wyoming, a finales de mes (Colby Smith, The New York Times).






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