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NOVIEMBRE 3°, 2026. LISA FRIEDMAN THE NEW YORK TIMES.
Los beneficios de Saudi Aramco siguieron creciendo pese a la guerra en Irán, que ya cumple nueve meses, y a los ataques con drones y misiles de los hutíes, respaldados por Irán, contra sus instalaciones. La petrolera estatal reportó una utilidad neta ajustada de 31,200 millones de dólares en el tercer trimestre, 9% más que un año antes, e ingresos de 140,500 millones, un alza de más del 25%. El precio promedio de su crudo fue de 95 dólares por barril, 35% más que hace un año. La empresa atribuyó el resultado a la resiliencia de sus operaciones frente a las interrupciones en el estrecho de Ormuz y a la rápida recuperación tras los ataques, que dañaron su sede en Dhahran, dos refinerías y una planta en Abqaiq. El golpe más grave fue el de septiembre contra el oleoducto Este-Oeste, de unos 1,200 kilómetros, que permite exportar por el Mar Rojo sin pasar por Ormuz. Volvió a operar en menos de una semana, ya transporta unos 6 millones de barriles diarios y el reino planea ampliarlo a 10 millones en dos o tres años, además de estudiar rutas alternas. Pese a todo, Aramco exportó 1.1 millones de barriles adicionales respecto al trimestre anterior. Los ataques, sin embargo, amenazan los planes saudíes de diversificar su economía: se pospusieron la conferencia Iniciativa de Inversión Futura y la Copa Asiática de 2027. Mientras tanto, el crudo superó los 106 dólares tras el ataque estadounidense a la isla iraní de Qeshm, en medio de ganancias récord en toda la industria, incluidas más de 130,000 millones de dólares para las petroleras de Estados Unidos desde el inicio de la guerra (Lisa Friedman, The New York Times, 3 de noviembre de 2026).






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